Las pastillas de la felicidad

Ayer hablaba con unos amigos sobre la depresión, una enfermedad de nuestros días que ataca y arrastra, encogiendo, paralizando, minando la autoestima de quien la padece. La vida pierde su color, así que decimos que todo lo vemos gris, incluso negro. Al parecer en inglés, en ese estado, las cosas se ven azules “to feel blue”. Seguramente todos hemos atravesado por una mala racha; puede que por un motivo reconocible, uno que se puede contar y que los demás pueden entender como la muerte de un ser querido o la pérdida del trabajo pero, en ocasiones, sin motivo claro, la vida nos apabulla. La solución que suelen recomendar es ir a un terapeuta y entonces aparece la propuesta de tomar medicamentos que aniquilen las emociones. Y eso parece cómodo; tomar una pastilla y anestesiar el dolor. Colocarnos un chubasquero protector sobre el que el sufrimiento resbale. Quizás eso permita sobrellevar el día a día con calma para así poder recuperar la normalidad. Pero quizás esa anestesia nos incapacite, bloqueando la capacidad para cambiar lo que anda mal en nuestra vida. ¿Qué pensáis?

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