Fundación Antonio Gala.

Ayer pasé el día en la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores, un lugar inspirador que surge a la sombra del lema de un verso del “Cantar de los cantares”: “Pone me ut signaculum super cor tuum”, “Ponme como un sello sobre tu corazón”. Y algo de eso es lo que sucede cuando tienes la suerte de recorrer este antiguo Convento del Corpus Christi reconvertido en casa para creadores ya que, una vez al año, esta institución convoca unas becas de alojamiento y manutención para jóvenes de entre dieciocho y veinticinco años en lengua castellana. El objetivo fundamental de estas ayudas es formarlos en la idea de que todos deben enriquecerse con la convivencia, y que dentro de la Fundación pueden “vivir para trabajar sin tener que trabajar para vivir”, una idea del escritor Antonio Gala que se ha visto finalmente cumplida con la puesta en marcha del proyecto que lleva su nombre.

Nerea Riesco en la biblioteca de la Fundación Antonio Gala

La escritora María Zaragoza, antigua becaria de la Fundación y actual tutora de los jóvenes escritores, me invitó a que compartiera con ellos mis experiencias dentro del mundo de la literatura. Pero antes del encuentro, me hizo de cicenore de este espacio maravilloso que me apetece mucho mostraros. Y es que el edificio en sí mismo es un lugar impresionante, lleno de historia y de historias, que merece la pena ser visitado: el patio central con su refrescante fuente de piedra, el reflectorio que, como no podría ser de otra forma, hace las veces de comedor, los talleres en los que los jóvenes artistas disponen de espacio para componer, pintar, esculpir, escribir… la antigua capilla, ahora salón de actos…

María Zaragoza y Nerea Riesco en la Fundación Antonio Gala.

Como me decía ayer la escritora María Zaragoza,  este lugar es una especie de Hogwarts donde los artistas ven nacer su magia. Un enclave en el que compartir un mismo sueño, un paso decisivo para cumplir su deseo de dedicarse a la creación.

La Fundación cuenta también con un museo dedicado a la figura de Antonio Gala donde podemos ver, desde sus celebrérrimos bastones, hasta sus primeros versos infantiles, conmovedoras imágenes de su inolvidable perro Troylo, así como el escritorio de Santa Teresa de Jesús (que tiene una historia detrás, como podréis imaginar).

Objetos personales de Antonio Gala.
Una pequeña muestra de la colección de bastones de Antonio Gala.
Escritorio de Santa Teresa de Jesús en la Fundación Antonio Gala.
Imagen de las tumbas de los inolvidables compañeros peludos de Antonio Gala.
Cuadernos manuscritos de Antonio Gala.
Antonio Gala de niño.
Primeros versos de Antonio Gala.
Conmovedora historia de los primeros versos de Antonio Gala.
Las obras de reestructuración del convento sacaron a la luz una antigua calzada romana.
Calzada romana en los bajos de la Fundación Antonio Gala.
Patio interior de la Fundación Antonio Gala.

 

El encuentro con los jóvenes fue enriquecedor. Hablar con ellos, que me explicaran sus proyectos, que me leyeran sus textos… Rodeados de ese ambiente, todo agitado pero no revuelto… Salí de allí cuajada de ideas y feliz de ver que los soñadores, los inventores de mundos, seguimos en marcha. Dios los cría y lugares como estos los juntan. ¡Y qué bien que así sea!

Para quien esté interesado en optar a las becas de la Fundación Antonio Gala os comento que ya está abierto el plazo de admisión de solicitudes para el próximo curso. Dejo por aquí el enlace:

https://www.fundacionantoniogala.org/convocatoria.html

Le doy las gracias a la Fundación Antonio Gala por permitirme conocer este lugar. Y a María Zaragoza por hacerlo posible.

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