Érase una vez… texto completo de mi pregón en la Feria del Libro de Teruel.

Érase una vez… ¿Lo recuerdan? Tres simples palabras que encogían nuestra alma cuando éramos niños, augurando emoción, aventuras, sorpresas. Nos dejaban en silencio, con los ojos abiertos como platos, ansiosos, anhelando que la historia que acababa de comenzar nos arrastrase a un mundo idílico donde todo era posible, donde convertirnos en héroes, en dragones, en elfos, hadas o viajeros del tiempo.

Érase una vez… tres palabras mágicas que, al menos en mi caso, aún hoy, me alejan de la realidad. Aún puedo escucharlas cada vez que abro las cubiertas de un libro. Continúan resonando en mis oídos. Érase una vez… érase una vez… Me resisto a evitar que deje de ser así. ¿Por qué contener esa emoción? ¿Acaso leer no es vivir mil vidas dentro de nuestra vida? ¿Acaso no es un libro el medio de transporte más económico, ecológico y seguro que existe? ¿Acaso no resulta tentador empatizar con vampiros, sirenas, marineros, ballenas, topos, reyes o reinas? ¿Ser vulnerable a la par que eterno? Todo eso y mucho más es lo que se consigue al abrir un libro.

Érase una vez un niño gordito llamado Bastián Baltasar Bux que, huyendo de los abusones de la clase, se coló en una librería de saldo y allí se tropezó con un misterioso libro. Las tapas eran de color cobre y brillaban. Lo hojeó. El texto estaba impreso en dos colores. No parecía tener ilustraciones, pero sí unas letras iniciales de capítulo grandes y hermosas. Mirando con más atención la portada, descubrió en ella dos serpientes, una clara y otra oscura, que se mordían mutuamente la cola formando un óvalo. Y en ese óvalo, en letras caprichosamente entrelazadas, estaba el título:

 

La historia interminable

 

¿Lo recuerdan? La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado… Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque papá o mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir porque mañana hay que levantarse tempranito… Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido… Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces. Miró fijamente el título del libro y sintió frío y calor a un tiempo. Eso era, exactamente, lo que había soñado tan a menudo y lo que, desde que se había entregado a su pasión, venía deseando: ¡Una historia que no acabase nunca! ¡El libro de todos los libros!

¿Pueden sentirlo aún? Si es así, no dejen de hacerlo. No se dejen convencer por todos esos ridículos que argumentan que los libros son demasiado caros, mientras abonan 50 € en una ronda de cervezas. No me entiendan mal. Valoro ampliamente el poder sanador de una cerveza entre amigos. Pero… ¿En serio los libros son caros? ¿Cómo ponerle precio a los sueños, a la emoción, al desarrollo de la conciencia y la imaginación? Un libro será eterno mientras aguanten sus páginas. Puede leerse y releerse porque nunca será el mismo. Se adaptará al momento vital en el que nos encontremos y cambiará con nosotros; será otro cada vez que regresemos a él. Nos dará la razón, responderá a nuestras preguntas; encontraremos entre sus páginas el reflejo de lo que somos, o de lo que anhelamos ser.

Un libro, además, es el regalo perfecto, el amigo perfecto, el compañero perfecto. Los hay estéticamente hermosos, coleccionables. Con cubiertas de terciopelo y cantos dorados que pasarán de generación a generación, como legado. Los hay pequeños, de tapas blandas, económicos, manejables… de esos que no importa subrayar, doblar las esquinas o abandonar en un parque para que otro los encuentre una vez leídos; los perfectos compañeros de viaje. Los hay cuajados de sentimientos, ¡de los nuestros! Que hacen que nos preguntemos ¿cómo es posible que alguien que no he visto nunca, alguien que vivió hace siglos, alguien que nació en otro continente, alguien con otro color de piel, con otro sexo… me conozca tan bien? ¿Cómo pudo alguien vestir con palabras la agitación que, hasta este momento, no era más que un pálpito dentro de mi alma? Un libro puede servirnos de mensajero del amor, y también se lo podemos prestar a alguien de confianza (aunque ya les informo que los libros son entes rencorosas, que jamás regresan si sienten que les hemos abandonado). Incluso, en el improbable caso de que un libro no les guste, siempre pueden usarlo para calzar una mesa, y dejarlo ahí, en espera de encontrar el momento adecuado para recuperarlo y comprender su mensaje. Como pueden ver, todo en el libro es perfecto. Por eso les invito a llamar a la puerta de este agujero en el suelo en el que vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en qué sentarse o qué comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad.

Y una vez instalados cómodamente dejen que el libro les arrastre. No se resistan. ¡Vayan en busca de la aventura! Tal y como Bilbo Bolson se dejó convencer por Gandalf y los enanos.

Érase una vez… esa es la magia de los libros. Saquen de las tapas un mundo de la nada, al igual que los prestidigitadores sacan un conejo de su chistera. Un mundo que puede estar lleno de peligros, de melancolía, de crímenes, de viajes… en el que siempre nos mantengamos a salvo. Un mundo de pasiones, deseos y amores prohibidos.

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

¡No! ¡No! ¡Se lo ruego! No permitan que nadie les prohíba un libro, que les nieguen su lectura o su acceso por juzgarlos desde nuestro presente. Los libros son legado, testigos, embajadores… los ojos con los que podemos ver el pasado y con los que nos verán en el futuro. Dejen que sus hijos lean Caperucita, o la Bella durmiente si lo desean porque, de no permitírselo, les sustraerán información para comprender su presente y buena parte de un imaginario común sin el cual les estarán negando también el acceso a obras tan hermosas como la Zarzarrosa de Robert Coover, que les recomiendo buscar en las casetas de la feria. Ningún mal puede hacerles un libro si son lo suficientemente valientes como para educar a sus hijos para que se conviertan en hombres y mujeres con pensamiento crítico; algo que también aprenderán leyendo. No dejen que les prohíban La cabaña del tío Tom o Las aventuras de Huckleberry Finn, o las de los Cinco, porque en ellas se refleja el racismo de una época, u Otelo porque tiene como tema principal la violencia de género. No dejen que nos aboquemos a una sociedad semejante a la que Bradbury refleja en Fahrehneit 451 (la temperatura a la que arde un libro), donde su quema era obligada para poder manejar los pensamientos de una sociedad alienada, a la que se le niega el poder pensar por ella misma. En la que

Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia.

Érase una vez la libertad mayor: libertad de pensamientos, de elecciones, de sueños… Este es un buen momento. Está delante de nosotros. Casetas cuajadas de libros. Envidio a los que van a vivir hoy su primera Feria del Libro; esos niños y niñas que, acompañados de sus padres, tíos, abuelos… podrán elegir el tesoro de papel que se llevarán a casa, con el que seguramente alcanzarán esta noche sus sueños. Seguro que esos niños y niñas recordarán este día, igual que el coronel Aureliano Buendía recordó aquella tarde remota en la que su padre lo llevo a conocer el hielo.

Y no solo permitan a los niños soñar. Siéntanse libres los adultos de elegir el libro de sus anhelos. Si no vienen con uno en mente, recorran las casetas, visualicen las portadas, déjense seducir por el título, por la sinopsis, ojeen sus páginas, acaricien sus lomos… no me cabe duda de que, antes o después, sentirán el flechazo. Leerán y leerán la historia que otro (el autor), un desconocido que tan bien parece conocernos, inventó. Porque como, como bien dice Gaarder en El mundo de Sofía

…al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en algún momento de donde no había nada de nada…

 

Con suerte ese mundo inventado nos arrastrará páginas y páginas hasta llegar a la palabra fin. Después cerraremos el libro y, con suerte, nos sucederá como al lector del que habla Ángel González en su poemario Nada grave:

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, y una voz cariñosa le susurró al oído:
—¿Por qué lloras, si todo en este libro es de mentira?
Y él respondió:
—Lo sé, pero lo que yo siento es de verdad.

¡Sientan! ¡Sientan!

Muchas gracias. Disfruten de la Feria del Libro de Teruel 2019.

Fundación Antonio Gala.

Ayer pasé el día en la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores, un lugar inspirador que surge a la sombra del lema de un verso del “Cantar de los cantares”: “Pone me ut signaculum super cor tuum”, “Ponme como un sello sobre tu corazón”. Y algo de eso es lo que sucede cuando tienes la suerte de recorrer este antiguo Convento del Corpus Christi reconvertido en casa para creadores ya que, una vez al año, esta institución convoca unas becas de alojamiento y manutención para jóvenes de entre dieciocho y veinticinco años en lengua castellana. El objetivo fundamental de estas ayudas es formarlos en la idea de que todos deben enriquecerse con la convivencia, y que dentro de la Fundación pueden “vivir para trabajar sin tener que trabajar para vivir”, una idea del escritor Antonio Gala que se ha visto finalmente cumplida con la puesta en marcha del proyecto que lleva su nombre.

Nerea Riesco en la biblioteca de la Fundación Antonio Gala

La escritora María Zaragoza, antigua becaria de la Fundación y actual tutora de los jóvenes escritores, me invitó a que compartiera con ellos mis experiencias dentro del mundo de la literatura. Pero antes del encuentro, me hizo de cicenore de este espacio maravilloso que me apetece mucho mostraros. Y es que el edificio en sí mismo es un lugar impresionante, lleno de historia y de historias, que merece la pena ser visitado: el patio central con su refrescante fuente de piedra, el reflectorio que, como no podría ser de otra forma, hace las veces de comedor, los talleres en los que los jóvenes artistas disponen de espacio para componer, pintar, esculpir, escribir… la antigua capilla, ahora salón de actos…

María Zaragoza y Nerea Riesco en la Fundación Antonio Gala.

Como me decía ayer la escritora María Zaragoza,  este lugar es una especie de Hogwarts donde los artistas ven nacer su magia. Un enclave en el que compartir un mismo sueño, un paso decisivo para cumplir su deseo de dedicarse a la creación.

La Fundación cuenta también con un museo dedicado a la figura de Antonio Gala donde podemos ver, desde sus celebrérrimos bastones, hasta sus primeros versos infantiles, conmovedoras imágenes de su inolvidable perro Troylo, así como el escritorio de Santa Teresa de Jesús (que tiene una historia detrás, como podréis imaginar).

Objetos personales de Antonio Gala.
Una pequeña muestra de la colección de bastones de Antonio Gala.
Escritorio de Santa Teresa de Jesús en la Fundación Antonio Gala.
Imagen de las tumbas de los inolvidables compañeros peludos de Antonio Gala.
Cuadernos manuscritos de Antonio Gala.
Antonio Gala de niño.
Primeros versos de Antonio Gala.
Conmovedora historia de los primeros versos de Antonio Gala.
Las obras de reestructuración del convento sacaron a la luz una antigua calzada romana.
Calzada romana en los bajos de la Fundación Antonio Gala.
Patio interior de la Fundación Antonio Gala.

 

El encuentro con los jóvenes fue enriquecedor. Hablar con ellos, que me explicaran sus proyectos, que me leyeran sus textos… Rodeados de ese ambiente, todo agitado pero no revuelto… Salí de allí cuajada de ideas y feliz de ver que los soñadores, los inventores de mundos, seguimos en marcha. Dios los cría y lugares como estos los juntan. ¡Y qué bien que así sea!

Para quien esté interesado en optar a las becas de la Fundación Antonio Gala os comento que ya está abierto el plazo de admisión de solicitudes para el próximo curso. Dejo por aquí el enlace:

https://www.fundacionantoniogala.org/convocatoria.html

Le doy las gracias a la Fundación Antonio Gala por permitirme conocer este lugar. Y a María Zaragoza por hacerlo posible.

Ruta del elefante de marfil con El País Viajes.

Tengo el placer de anunciaros que este año que recién empieza me he involucrado en un proyecto precioso en el que la literatura y los viajes se dan la mano. En alianza con El País Viajes recorreré los enclaves sevillanos que me sirvieron de inspiración para crear mi novela más internacional: El elefante de marfil.

 

 

¿Sabías que Miguel de Cervantes ejerció de recaudador de impuestos en Sevilla y que lo retuvieron en la Cárcel Real acusado de quedarse con parte del dinero que pasaba por sus manos? Cuentan que, entre las paredes de la prisión, que ahora acogen la sede de una entidad bancaria, comenzó a escribir la universal obra Don Quijote de la Mancha.

 

 

 

¿Sabías que el nombre de una de las calles más célebres de la ciudad se debe a una barbería en la que se organizaban timbas de cartas? Allí se jugaban los cuartos los marineros que llegaban del Nuevo Mundo. En el mostrador del establecimiento se exponía un frasco con una serpiente dentro. Y esa es sólo una de las múltiples leyendas sobre el origen del nombre de la calle Sierpes.

 

 

 

 

¿Sabías que una de las puertas de la Catedral de Sevilla está decorada con letras cúficas con las aleyas del Corán al –Nur y al-Hiyr que traducidas dicen: “El poder pertenece a Alá y La eternidad es de Alá”? ¿O la razón por la que un cocodrilo disecado cuelga en el Patio de los Naranjos junto a un colmillo de elefante y el bocado de una jirafa?

 

 

 

¿Sabías que el terrible terremoto de Lisboa de 1755 afectó también a gran parte de la península ibérica y al norte de África? En la Catedral de Sevilla se celebraba en ese momento la misa de Todos los Santos. Las múltiples imprentas de la ciudad dejaron constancia de los dramáticos momentos vividos.

 

 

 

 

¿Y la historia del rey conocido por algunos como “el Cruel” y por otros como “el Justiciero” y su relación con uno de los monumentos más hermosos de Sevilla: los Reales Alcázares?

La cita será el próximo 26 de abril y ya está abierto el plazo de inscripción para quien quiera acompañarme.

Para más información:

https://www.elpaisviajes.com/viajes/el-elefante-de-marfil-sevilla

Sea un placer que nos encontremos por aquí.