¿A qué edad desaparecen las mujeres?

Cuando me preguntan qué opino del lenguaje inclusivo mi sensación es agridulce. Es cierto que vamos evolucionando. Ayer recordaba en mis redes sociales la canción de Loquillo “Se que la mataré”. Coreábamos el “solo quiero matarla, a punta de navaja besándola una vez más”, y lo haciámos emocionados. Chicos y chicas crecimos relacionando la pasión con la violencia, la demostración de amor con los celos, el descontrol emocional como declaración amor. Treinta años después, que una canción lleve una letra así es impensable. Y lo mismo sucede con “me quiero casar con una señorita que sepa coser, que sepa bordar…” o con “una niña fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar”. Sin embargo, sigue habiendo mensajes sexistas en las canciones actuales.

 

 

Pero el machismo no vive únicamente en el uso que le damos al lenguaje, sino en la percepción de nuestros roles de género. En lo que creemos que somos y en lo que estamos dispuestos a aceptar. Y lo he visto muy claro esta semana. Hace un par de años adquirí un secador del pelo y comentí el error de contestar a una encuesta sobre mis opiniones sobre él. En ella me preguntaron mi sexo, edad y mi correo electrónico. Desde ese momento no han dejado de bombardearme desde una plataforma de productos de belleza y hogar, con cupones de descuento y ofertas en detergentes, compresas, sopas… que nunca he utilizado. La semana pasada me enviaron una encuesta que llevaba por título “Queremos conocerte mejor”. Diez preguntas en las que se interesaban por el tipo de detergente que uso (en polvo, líquido o cápsulas), si tenía hijos en edad de llevar pañales o la técnica de afeitado que utilizaba mi marido. Pese a tratarse de una página en la que la belleza está muy presente, ninguna de las preguntas iba dirigida a mí como ente individual, sino como parte de un todo. Como cuidadora de una familia. No me preguntaban por mi tipo de piel, tampoco si prefería compresas o tampones, ni si me preocupaba el frizz en el cabello. Simplemente yo no existía. Mi existencia se justificaba por la existencia de las personas a las que (al parecer) yo debería cuidar. ¿Creéis que a un hombre de mi edad le hubieran preguntado por el método de depilación que utiliza su mujer para ofrecerle un producto? ¿O si le preguntarían esto mismo a una chica de 20 años?

Da igual que inculquemos la importancia del uso del masculino y el femenino en los discursos o en los libros de texto. De poco sirve hablar de chicos y chicas si una de las acepciones de “zorro” es la de hombre astuto, mientras que la de “zorra” es sinónimo de prostituta. Que ser “la polla” sea algo estupendo, mientras que “un coñazo” suponga algo aburrido.

El sexismo habita más allá del lenguaje. Está en nuestro concepto de lo masculino y lo femenino y el papel que desempeña en la sociedad.

¿A qué edad desparecemos las mujeres?

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