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ARTÍCULO
Publicado en “I/C. REVISTA CIENTÍFICA DE INFORMACIÓN Y COMUNICACIÓN” (Sevilla, Editores Universidad de Sevilla. Secretariado de Publicaciones, 2005) ISSN: 1696-2508. Ana Caro de Mallén, la musa sevillana: una periodista feminista en el Siglo de Oro. Nerea Riesco Suárez. Nº. 2, 2005, pags. 105-120.
Ana Caro de Mallén, la musa sevillana: una periodista feminista en el Siglo de Oro[1]
© Nerea Riesco Suárez
Universidad de Sevilla
1. PRESENTACIÓN
Resulta complicado encontrar textos producidos por mujeres durante el Siglo de Oro. No es sorprendente, en aquellos años la virtud femenina se medía en torno a lo modesta y silenciosa que era la dama lo cual, a todas luces, estaba reñido con la demostración de la propia inteligencia y su verbalización a través las letras. “Pero la mujer debe estar puesta en aquella parte de doctrina que la enseñan virtuosamente vivir, y pone orden en sus costumbres y crianza y bondad de su vida, y quiero que aprenda por saber, no por mostrar a otros que sabe, porque es bien que calle, y entonces su virtud hablará por ella”[2].
Por todo ello es admirable el hecho de encontrar a una mujer que, no sólo escribía obras de teatro que fueron aclamadas e incluso exaltadas por literatos de gran fama, sino que se dedicó profesionalmente a confeccionar por encargo relaciones. Ana Caro de Mallén cobraba por su trabajo, era escritora de oficio, su dedicación a la escritura no es sólo el resultado del gusto por escribir, sino que hace de la literatura una profesión. Ese era su trabajo, su forma de ganarse la vida.
2. BIOGRAFIA DE ANA CARO DE MALLÉN [1590-1650]
Hay datos contradictorios en referencia a su lugar de nacimiento. Manuel Serrano y Sanz afirma que nació en Granada aunque esa certeza está basada en que en esta población nació su hermano D. Juan Caro Mallén de Soto que fue caballerizo mayor de Doña Elvira Ponce de León[3]. Pese a todo, el resto de reseñas encontradas (como veremos más adelante) sitúan Sevilla como el lugar en el que llega al mundo y daremos como más seguro este lugar. También hay diferentes versiones sobre la fecha de su nacimiento pero gran parte de ellas apuntan que fue en el año en 1590, por tanto su vida profesional se desarrolla a lo largo del siglo XVII y pertenece al Siglo de Oro de las letras españolas. Perteneció a la Academia Literaria sostenida por el Conde la Torre y cuyo presidente era D. Antonio Ortiz Melgarejo[4]. Fue una escritora reputada que cobraba por su trabajo y sus clientes pertenecían a la nobleza, tanto de Sevilla como de Madrid. Igual escribía obras de teatro (comedia caballeresca: El conde Partinuplés, y comedia urbana: Valor, agravio y mujer), como sonetos y loas dedicadas a sus amigos, como relaciones compuestas siguiendo los cánones de la época. Ana Caro de Mallén recibe múltiples encargos para confeccionar relaciones, y es en la ciudad donde nació: Sevilla, donde publica su primera obra, la Relación poética de fiestas religiosas por los mártires del Japón, celebrada en el convento de San Francisco de Sevilla en 1628. Esta obra espectacular puede inscribirse tanto en el orden civil como en el religioso. A ella seguirán muchas otras y todas tendrán en común el hecho de subordinarse a la política, ya sea imperial, del gobierno o de las élites locales. Recibe numerosos encargos, entre ellos de la Corte. Ana Caro se hace la mejor cronista de las fiestas sevillanas y se sabe que en 1637 viaja a Madrid para asistir a las fiestas del Buen Retiro, que poetiza por encargo del Concejo[5].
Ya en la capital de España trabó amistad con la Condesa de Paredes, mecenas de las mujeres literatas de aquellos años como por ejemplo de sor Juana Inés de la Cruz; con los dramaturgos Vélez de Guevara y Matos Fragoso, pero es de destacar su aprecio por María de Zayas, la gran escritora madrileña y se sabe que ambas convivieron juntas durante un tiempo. María Zayas, que mantuvo a lo largo de su obra una narrativa centrada en el conflicto entre hombres y mujeres, pudo ser una referencia a tener en cuenta en la obra de Ana Caro. Zayas declaraba abiertamente la capacidad intelectual de las mujeres y criticaba duramente a los hombres en sus escritos por negarles a éstas el acceso al conocimiento, “temor es el abatirlas y el obligarlas a que ejerzan cosas caseras”[6] y del mismo modo reprocha la violencia contra las mujeres “pues en cuanto a la crueldad con las desdichadas mujeres, no hay que fiar en hermanos ni marido, que todos son hombres”[7] y lanza un mensaje a los hombres: “Quiéranlas, acarícienlas y denlas lo que les falta, y no las guarden ni celen, que ellas se guardarán y celarán, cuando no sea de virtud obligación”[8]. Es por todo ello que María de Zayas está reconocida como una de las primeras escritoras, llamémoslo así, feministas.
En la España de aquella época existe una crisis política y económica que incluía la monarquía imperial de Felipe IV. Ana Caro de Mallén fue admitida en los altos círculos de la nobleza cercana al Conde Duque que había pasado sus años de esplendor en la provincia de Sevilla y era conocido de la escritora. Ella tiene acceso a los circuitos de impresión y distribución de las obras literarias. Son unos años en que la literatura se utiliza en política como un servicio al poder, unas veces como aliada, otras como arma contra la clase privilegiada y esta crisis generalizada necesita, por primera vez, una literatura de masas, que se imprime en pliegos sueltos, y en la cual podemos rastrear los orígenes del periodismo. El Conde Duque refuerza esta actividad por la que se interesa personalmente. Con todas estas cosas, aumenta el oficio de poetas y se desarrolla como un ejercicio muy competitivo porque la educación en la época ha promovido la creación de una clase de letrados que compiten entre sí por hacer de las letras una profesión, grupo del que, generalmente, estaban excluidas las mujeres puesto que no tenían acceso a los Colegios y a las Universidades. En estas condiciones, parece imposible creer que una mujer llegara a ser escritora y que fuera financiada como dramaturga por el Cabildo sevillano. Ana Caro recibió la aquiescencia del mismo a sus piezas breves para el Corpus y está aprobación se tradujo en un pago de 300 reales por cada auto. Cobró unas libranzas anuales en 1641, 1642, 1643, 1645 y una de mayor importancia en 1637[9].
No hay dato alguno que hable de la posibilidad de que Ana Caro de Mallén hubiese contraído matrimonio y nos lanzamos a creer que se mantuvo soltera puesto que el hecho de haber vivido sin los papeles de la esposa y la madre pudo permitirle una mayor libertad y un acceso más fácil al mundo del estudio y de la escritura. Ana Caro tuvo mucho éxito en su época y fue llamada la musa sevillana. Es además una gran trabajadora, una prolífica escritora; al menos se publicaron seis obras suyas durante el segundo cuarto del siglo XVII[10]. No hay referencias claras respecto a la fecha de su fallecimiento, aunque se sabe que aún estaba viva en el año 1645.
2. 1. Su amistad con María Zayas.
Como ya dijimos, Ana Caro de Mallén vivió durante una temporada en Madrid donde conoció a grandes intelectuales de la época, pero de entre todos ellos hay que destacar su gran amistad con la célebre escritora María Zayas con la que convivió durante un tiempo en Madrid[11].
Ambas mujeres manifestaron públicamente su mutua admiración. Zayas dijo de Caro “la señora Doña Ana Caro, natural de Sevilla: ya Madrid ha visto y hecho experiencia de su entendimiento y excelentísimos versos, pues los teatros le han hecho estimada y los grandes entendimientos le han dado laureles y vítores, rotulando su nombre por las calles”[12]. Por su parte, Ana Caro, le dedicó, en el año 1638, las Décimas a Doña María de Zayas y Sotomayor[13].
Parece ser que el carácter luchador de María de Zayas contagió a Ana Caro y es posible que bajo su influencia escribiera la comedia Valor, agravio y mujer, aunque esto es simplemente una conjetura ya que no se conoce el año en el que fue escrita y la primera edición de esta comedia carece de lugar y fecha de impresión[14].
2.2. Lo que dijeron de ella algunos de sus contemporáneos
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Se ha señalado una posible relación de parentesco con el humanista Rodrigo Caro, aunque no hay datos documentales sobre eso[15], pese a todo el utrerano dijo de ella en su obra Varones insignes en letras naturales de la Ilustrísima Ciudad de Sevilla: “Doña Ana Caro, insigne poeta, que ha hecho muchas comedias representadas en Sevilla, Madrid y otras partes con grandísimo aplauso, y ha hecho otras muchas y varias obras de poesía, entrando en muchas justas literarias, en las cuales, casi siempre, se le ha dado el primer premio”[16]. Es curioso que se cite a una mujer en una publicación dedicada al estudio de “varones” de letras ilustres, lo cual podría resultar significante en cuanto al hecho de considerar que el talento de Ana Caro sólo podría ser exaltado desde la postura de virilizarla.
Vélez de Guevara con el que, como vimos anteriormente, trabó amistad durante el tiempo que vivió en Madrid, la incluyó en su obra El diablo cojuelo donde dice “(…) que leyó doña Ana Caro, décima musa sevillana, les pidió el presidente a los dos forasteros que por honrar aquella academia repitiesen algunos versos suyos que era imposible dejar de hacerlos muy buenos los que habían entrado a oír los pasados”[17].
Matos Fragoso hace mención de El conde Partinuplés en su obra La Corsaria catalana con estos versos:
León. ¿Qué comedias traes?
Autor. Famosas
De las plumas milagrosas
De España……………
La bizarra Arsinda, que es
De ingenioso Cervantes,
Los dos confusos amantes,
El conde Partinuplés……………[18].
3. OBRAS[19]
4. ANÁLISIS DE VALOR, AGRAVIO Y MUJER
Existen de esta obra en la Biblioteca Nacional dos manuscritos; uno del siglo XVII que consta de 48 hojas en 4º; el segundo es una copia del siglo XVII, de 31 hojas en 4º[21].
Valor, agravio y mujer, es una comedia urbana, en ella Ana Caro ironiza con las reglas establecidas por la sociedad en la que le ha tocado vivir y llega incluso a ridiculizar algunas de las actitudes consideradas como valores típicamente masculinos. Es por ello que la destacamos en este artículo.
4.1. Argumento de la obra
Leonor es cortejada y seducida por don Juan y confiando en su palabra de matrimonio se entrega a él. Éste se traslada a Flandes olvidando la promesa y allí se enamora de la duquesa Estela de la que, curiosamente, también está enamorado el hermano de Leonor, quien hace años que no ve a su hermana. Leonor decide vengarse de don Juan disfrazándose de hombre y convirtiéndose en Leonardo, supuesto nuevo prometido de Leonor que llega a Flandes dispuesto a desagraviarse.
4.2. Los enredos múltiples y los personajes
Se trata de una comedia urbana y como tal tiene como ingredientes principales los enredos y los equívocos. El disfraz que convierte a Leonor en Leonardo consigue transformar a los personajes que la rodean, y así, la duquesa Estela acaba enamorada de Leonardo sin saber que éste es una mujer, complicando aún más las cosas. En la obra aparecen también los personajes prototípicos de este tipo de comedias. Uno de éstos es el gracioso, que en está ocasión aparece en la figura de Ribete, el criado de Leonor/Leonardo. Este personaje en ocasiones se coloca como contrapunto de las conversaciones para introducir pensamientos que la autora utiliza como reivindicaciones solapadas, así, a lo largo de la obra Ribete aprovecha para señalar los grandes avances que en cuestión literaria están obteniendo las mujeres.
RIBETE: (…) aun quieren poetizar
las mujeres, y se atreven
a hacer comedias ya.
TOMILLO: ¡Válgame Dios! Pues, ¿no fuera
mejor coser e hilar?
¡Mujeres poetas!
RIBETE: Sí;
mas no es nuevo, pues están
Argentaria, Safo, Areta,
Blesilla, y más de un millar
de modernas, que hoy a Italia
lustre soberano dan,
disculpando la osadía
de su nueva vanidad[22].
Pero del mismo modo, Ribete es vehículo para señalar lo que la sociedad de la época tiene en mente sobre el género femenino y así habla cuando descubre que Leonor busca venganza disfrazada de hombre:
RIBETE: ¿Qué intenta Leonor, qué es esto?
Mas es mujer. ¿Qué no hará?
Que la más compuesta tiene
mil pelos de Satanás[23].
4.3. La mujer disfrazada de hombre
Leonor se viste de hombre para vengar un agravio. Ese artificio era muy utilizado en las comedias del Siglo de Oro. Lope de Vega lo utilizaba con habitualidad; de sus 460 comedias, 113 utilizan el uso del disfraz varonil y Tirso de Molina lo usa en 21 de sus comedias[24]. En este caso, el disfraz de varón no aporta a Leonor/Leonardo, cualidades consideradas típicamente masculinas como el valor, porque ella ya es una mujer valiente sin la necesidad del disfraz, pero ante los ojos de los demás, al atuendo la convierte en alguien diferente:
LEONOR: En este traje podré
cobrar mi perdido honor.
A lo que su criado responde:
RIBETE: Oyéndote estoy,
y, ¡por Cristo! que he pensado
que el nuevo traje te ha dado
alientos[25].
4.4. Recuperación del honor
La protagonista, doña Leonor, quiere recobrar el honor que le quitara don Juan cuando la enamoró y prometiéndole casarse con ella. Por esto, ella persigue a don Juan para obtener venganza. Esta acción de defensa normalmente era asociada con el hombre. Al ser deshonrada, una mujer era vengada por su padre, su marido o sus hermanos, pero en el caso de Leonor/Leonardo, es ella misma la que consigue vengarse sin necesitar la ayuda de ningún hombre.
En la obra se ridiculizan cuestiones consideradas típicamente masculinas mofándose de los códigos de honor. En un momento de la comedia el conflicto es tal que Leonor/Leonardo dice querer vengar a su prometida Leonor (se finge enamorada de sí misma) matando a don Juan, éste a su vez, se considera ofendido ya que, al haberle dado Leonor promesa de matrimonio no debería haberse entregado a otro, también aparece Fernando queriendo matar al que ha mancillado el honor de su hermana y todo ello plantea una situación absurda que les lleva a la conclusión de que han de morir todos para recuperar el honor perdido:
FERNANDO: (…). Todos hemos de matarnos/ yo no hallo otro remedio[26].
4.5. Solidaridad femenina
Este tributo a la solidaridad entre mujeres, es posible que llegue influido por su gran amiga María de Zayas que ya lo utilizó como vimos en Desengaños amorosos y aparece también en otra de sus obras, La traición de la amistad. En Valor, agravio y mujer, cuando Estela se entera de lo que don Juan le ha hecho a Leonor, ésta le rechaza y del mismo modo cuando al final de la obra se descubre que Leonor/Leonardo es una mujer, Leonor le pide disculpas a Estela por el engaño:
ESTELA: Leonardo, ¿así me engañabas?
LEONOR: Fue fuerza, Estela.
ESTELA: Quedemos
hermanas, Leonor hermosa (…)[27].
Es de destacar el esfuerzo de la autora por reivindicar el espacio literario que en la historia ocuparon mujeres que dedicaron su vida a la escritura. Este recurso fue utilizado en la época también por otras mujeres[28]. Así, Ana Caro aprovecha para incluir en la obra:
LEONOR: Semíramis, ¿no fue heroica?
Cenobia, Drusila, Draznes,
Camila, y otras cien mil,
¿no sirvieron de ejemplares
a mil varones famosos?[29].
4.6 Tributo a la humildad
Es también clásica durante el Siglo de Oro la exaltación de la modestia del autor y es habitual leer en las obras de los literatos del momento menciones a su propia humildad. Pero es interesante en este caso, y aludiendo a la cuestión que vimos más arriba en relación a esa demostración de sencillez de la que debían hacer gala las féminas de la época, descubrir la dicotomía en la que se divide la autora entre la manifestación pública de su simplicidad en relación a su género y su deseo de exhibirse literariamente[30]. Así, la obra Valor, agravio y mujer termina con estas palabras.
LEONOR: Aquí, senado discreto,
Valor, agravio y mujer
acaban. Pídeos su dueño,
por mujer y por humilde,
que perdonéis sus defectos[31].
5. PRIMERA RELACIÓN ESCRITA POR ANA CARO DE MALLÉN
A nuestro inicial interés por recuperar textos preperiodísticos, se une el valor añadido de la curiosidad que despierta que la autora sea una mujer que, como hemos visto, se dedicaba profesionalmente a la escritura. En concreto, el texto que pasaremos a mostrar a continuación se clasifica como una relación de sucesos. Las relaciones se imprimían para satisfacer la demanda de información y se podían escribir en verso, presentarse en pliegos sueltos o en formato libro. Hablaban de hechos políticos, de solemnidades religiosas, de catástrofes naturales y, en definitiva, todo lo que pudiera resultar interesante para la sociedad de aquella época. Eran creadas como producto editorial para su distribución[32].
En esos años (primera mitad del siglo XVII), de los 1915 impresos registrados en total, 21 están dedicados a filosofía, 21 a temática variada, 99 a Medicina, 191 a Derecho, 216 a Literatura y 685 a Religión, siendo esta última con un 38,74% el tema tratado en mayor porcentaje[33]. Es por ello comprensible que los temas relativos a festividades y celebraciones religiosas en aquella época en Sevilla, en pleno auge de la evangelización de Asia y América, fueran objeto de demanda de información. De hecho es destacable que, de este mismo evento, también encontráramos una relación escrita por Juan de Acherreta Osorio[34] en forma epistolar.
La relación que mostramos de Ana Caro de Mallén, se halla recogida en un volumen facticio conservado en la Biblioteca Universitaria de Sevilla con la signatura: U., 86-A/85 (2)*. En nuestra edición hemos respetado en lo posible, la ortografía del original, salvo en la acentuación, que se normaliza, y en la alternancia j/i, v/u, que hemos simplificado según las normas actuales. Está escrita en verso, algo que como hemos visto era habitual en la época. El metro es Octava Real y en ella se describen las fiestas que en honor a 23 misioneros que perdieron la vida en su labor evangelizadora en tierras japonesas. Las celebraciones se hicieron en el año 1628 en el convento sevillano de N.P.S. Francisco.
Es destacable la modestia que hace gala la autora en la presentación a sus lectores, algo que, curiosamente, es un recurso utilizado también en otros textos de la época, incluyendo el anteriormente señalado de Juan de Acherreta Osorio. Ambos piden en varias ocasiones perdón por su torpeza y osadía al atreverse a mostrar sus trabajos. Sin embargo, la relación escrita por Caro es poética, mientras que la de Juan de Acherreta está escrita en forma de carta.
RELACIÓN, EN QUE SE DA CUENTA DE LAS GRANDIOSAS
fiestas, que en el Convento de N.P.S. Francisco de la Ciudad de Sevilla se an hecho a los Santos Mártires del Japón. Compuesta en Octavas por Doña Ana Caro.
(Escudo)
Impresso en Sevilla, Por Pedro Gómez. Año 628
DEDICATORIA
Recebid Señor Juan de Elossidieta,
Este rudo discurso en vuestro amparo,
Que de mano tan tosca, e imperfeta
Sale a luzir en vuestro valor raro:
Podréis decir muy bien, que a sido treta
El valerme de vos, que os cuesta Caro,
Pues e querido lo que nada vale,
Que a la mayor grandeza casi iguale.
Perdonad los borrones, y las faltas
Del ignorante entendimiento mío
Pues fuera numerar glorias tan altas
De Faetón segundo desvarío:
Y tu señor que con tus pies esmaltas
Bellas nubes de cándido rozío,
Recibe la afición con que e descrito
De aquestos Santos el martirio invicto.
AL LECTOR
Noble lector piadoso, quando leas
Este bosquexo de mi inculta pluma,
Y en cada letra mil defetos veas,
Pensando ver una perfeta suma:
Que dessee acertar es bien que creas,
Mas la materia es mar, mi ingenio espuma,
Halle mi yerro en tu intención disculpa,
Si amor la suele ser de toda culpa.
En el jardín, o soberano aprisco,
Del dichoso Hortelano, o Pastor Santo,
De la Yglesia de Dios, excelso risco,
Y del demonio pavoroso espanto:
Del humilde y Seráfico Francisco
Cuya pobreza Dios estima en tanto,
oy aparecen veinte y tres Estrellas,
Bien que Luzeros claros las seis dellas.
Fueron estos santíssimos varones
A el Japón por impulso soberano,
Alentando los flacos coraçones,
En el braço de Dios, y fuerte mano;
Recíbenlos, no extraños, los Japones,
Y ellos en el martirio ya cercano,
Tanto el desseo encienden, que a millares
A Dios erigen de almas mil altares.
Convierten tantos con ardiente zelo,
Que en su escuela feliz matriculados,
son Doctores divinos para el cielo,
Y en firmeza y valor fuertes soldados:
El común enemigo con desvelo,
Infieles conduze, que alterados,
Al Emperador dizen diligentes,
que castigue sus ánimos valientes.
Senténcialos a muerte, y luego al punto
Diez y siete Japones se declaran
Por Christianos Católicos, y junto
De las Cruzes santíssimas se amparan
Con piedad religiosa, y santo assumpto,
Tal que a duras piedras se ablandaran,
Al martirio se ofrecen animosos,
Gozando a un tiempo transitos gloriosos.
Hazeles fiestas oy la Real Sevilla,
Y ostenta en ellas su mayor nobleza,
Que es primera y octava maravilla,
Y embidia de los tiempos su riqueza:
La Torre hermosa coronada brilla
De luzes la bellíssima cabeza,
Y la Giralda en fe, de fe constante,
Se muestra más gallarda, y más triunfante.
Suenan alegres dulces instrumentos,
Y las campanas con las chirimías,
Agradables haziendo los acentos,
Muestran de la Ciudad las alegrías:
Rompe veloz la pólvora los vientos,
Travando con el fuego mil porfías,
Y exalando en el aire luzes bellas,
Parece emulación de las Estrellas.
A la famosa casa de Europa,
Nombre de grande dan por excelencia,
Acude la Ciudad a toda tropa
A mirar de las fiestas la eminencia:
Una con otra aquí, y acullá topa,
Sin que puedan hazerles resistencia,
Tanta es la gente, que a dezir me atrevo,
Que se a buelto Sevilla mundo nuevo.
Mas no es Sevilla sola, que a millares
Vienen a ver grandeza tan estraña,
De los vezinas villas y lugares,
Añadiendo prodigiosos a esta hazaña:
Con hipérboles honran singulares
A nuestra antigua patria y madre España,
De donde fueron los seis Frailes Santos,
Para confusa suspensión de tantos.
En la grandiosa Iglesia desde el suelo,
Diez Altares en gradas superiores,
Suben en bellos líneas hasta el cielo,
Adonde está el Señor de los Señores:
El Sacramento digo, a quien un velo
Descubre entre divinos esplendores,
Luego la Virgen a sus pies, y lados
Francisco con la escuadra de Cruzados.
Dezir de las riquezas el tesoro,
Que ostenta a aquesta máquina hermosa,
Perlas, diamantes, esmeraldas, oro,
Es impossible, y escusada cosa:
Pierde el entendimiento su decoro,
Y a la vista se rinde, que ambiciosa,
Ve que excede a riqueza, si admirable,
Disposición tan bella y agradable.
En los últimos claustros escondidos,
Se ven curiosamente en la techumbre
Cuidados religiosos bien luzidos,
Sustentando hermosa pesadumbre:
Luego en las dos esquinas divididos
Dos Altares, y inmensa muchedumbre
De Imágines tan bellas, que parece
Que la gloria de Dios se nos ofrece.
Uvo en la entrada de la portería
Un vistoso jardín, cuya frescura
Servir pudiera a la melancolía
De contra yerva tanta es su hermosura:
Cantan en suavíssima armonía
Páxaros que suspende su dulçura,
Y infinitos claveles por guirnalda,
De la fuente, la Torre, y la Giralda.
Mas ay Dios, dónde voy, siendo impossible
Pintar tanta grandeza mi ignorancia,
Por lo mucho que tiene de indezible,
Por lo poco que tengo de elegancia:
Barco de mimbre, débil y flexible,
Es mi corto entender, y la distancia
Deste mar, ya le juzgan los discretos,
Disculpen mis borrones imperfetos.
Duró ocho días la grandiosa fiesta,
Y cada noche en la famosa plaça
De san Francisco con honrosa apuesta
De ánimos liberales hazen plaça:
En varias invenciones brama opuesta,
La pólvora, y las nubes amenaça.
Y siendo noches tanto resplandecen,
Que sus mismos Antípodas parecen,
El domingo, que fue el primero día,
De tu celebración vino a ilustralla
Su Ilustríssima y noble Señoría,
En quien la caridad y amor se halla:
Santo en el zelo, y en la cortesía
Guzmán al fin, y para más honralla,
Predicó en ella el Córdova famoso,
Gloria de aqueste nombre generoso.
Luego el segundo, Lunes del colegio,
Cuyo patrón por títulos devidos,
Es quien casi en la mano del cetro Regio
Tiene dando privancas mil a olvidos;
Adonde luzen en el culto Egregio
Los ingenios más altos y floridos,
Predicó el sabio don Fernando Cano,
Ingenioso peregrino, y soberano.
El Martes luego, los Predicadores,
Hazen la fiesta, no son necessarios
Los encarecimientos y loores,
En pluma tan inútil, temerarios:
Miércoles esparciendo varias flores,
Predicó el Agustino, y docto Larios,
No ay para que alaballo, porque es mégua
Tocar su fama con humana lengua.
Don Lorenço de Cárdenas y Valda,
Cuya vida mil años Dios aumente,
Para ser de Guipúscua la guirnalda,
De Sevilla digníssimo Assistente:
Vino a hazer alegre honrosa espalda,
Con su Cabildo la Francesa gente,
Que al niño Luis festejan entre tantos,
Por sus ambos Luises Reyes Santos.
A este victoriossísimo trofeo
Llevan quinto laurel a cinco días,
Llenando de mil glorias el desseo,
Los hijos de aquel gran Profeta Elías:
El púlpito ocupó nuevo Eliseo,
Con fervoroso ardor, y entrañas pías,
Esta fiesta los nobles Lusitanos,
Celebraron con ánimos Cristianos.
Las Ánimas el Viernes, en memoria
Del Santo fray Francisco de Parrilla,
Y la comunidad de la Vitoria,
Vino a hazer la fiesta, y a luzilla:
El padre Páez predicó, por gloria
De su orden, y de otras, maravilla;
Tan divino Sermón, que no es renombre
Dezir que quiso alçarle con su nombre.
La Veracruz el Sábado siguiente,
A San Pedro Baptista, a aquel divino
Embaxador, y capitán valiente,
De los demás, y a predicarla vino
Con el común aplauso de la gente
Un Chrisóstomo nuevo y peregrino,
Hijo de San Basilio, no me espanto
Que tenga tan gran hijo, tan gran Santo.
Los nobles de Guipúscua, y de Vizcaya,
En toda ocasiones tan leales,
Donde el ánimo prodigo se ensaya
Siempre a hazer excessos liberales:
Cuyo valor la embidia tiene a raya,
Sus méritos premiando desiguales,
A aquéllos digo, cuyas almas glorias,
Famas ocupan, roban las memorias.
Los que en la Real milicia se exercitan,
Con una y otra célebre hazaña,
Cuyos exemplos de valor incitan
A cortesía en paz, en guerra a çaña:
Los que a los nueve de la Fama quitan
Sus blasones, sirviendo al Rey de España,
Bélica gloria de sus esquadrones,
Felix assombroso a las demás naciones.
Aquéllos que el Supremo Consejo,
El superior lugar siempre an tenido,
Siendo el de poca edad, como el más viejo,
De España Numas, pues que la an regido:
En quien el vulgo, como en claro espejo,
Perfecciones tan altas a aplaudido,
Y a pesar de la embidia, monstruo fiero,
En todo tienen el lugar primero.
Aquestos pues su Aguirre Guipuscuano,
Natural de la villa de Bergara,
Honoran santo con tan franca mano,
Que la tierra se admira, el Sol se para:
Para dezir de su grandeza, es llano,
Que el silencio mejor la declarara,
Mas atrebida haré con tosca pluma
Un epílogo della en breve suma.
Uvo comedia el Sábado en la tarde,
Alegrando el festín generalmente,
Y haziendo pomposo, y franco alarde
De su valor heroico, y eminente:
Glorioso y justo premio es bien que aguarde.
Ánimo de tan pía y noble gente,
Pero no es nuevo en ellos, que en el mundo
Son primeros en todo, y sin segundo.
Excedieron los fuegos desta noche
A todos los demás con tanta gala,
Que apenas Thetis en su negro coche,
Por las puras Estrellas se resvala:
Y antes que su luz clara Apolo abroche,
Tanta la plaça, aunque hurtada, exala
Tanto cohete, y luminaria tanta,
Que imaginarla admira, y verla espanta.
Un pirámide verde coronada,
De fuego con bizarras invenciones,
En otra parte un Sol con luz prestada,
Y una rueda causando admiraciones:
Por mostrar que la gente Vascongada,
Es Sol que alumbra a todas las naciones,
Tanto que si Felipe Rey no fuera,
Por solo esta nación serlo pudiera.
De dos en dos alarde hazen luego,
Diez y seis con sus picas , o montantes,
Con que haziendo un agradable juego,
Fueron rayos de Júpiter tonantes:
Duró dos horas el alegre fuego,
Sin dexar los cohetes por instantes,
De assaltar con sus chispas nubes pardas
Al son de chirimías, y bastardas.
El Domingo siguiente fue la fiesta
Del Guipuscuano valeroso Santo,
Virgen y mártir, que en el Cielo apresta
Dignos lugares a quien le honra tanto:
No puede aquí la embidia en vano opuesta
Desluzir destas glorias el espanto,
Antes con amoroso, y justo afecto,
Engrandecen la causa deste efecto.
De su saber haziendo claras pruevas,
En todo tan gallardo, y entendido,
Dando a Villamartín mil glorias nuevas,
Por madre de un ingenio tan florido:
El moço predicó, Lector Venegas,
Fénix en la familia renacido,
De Francisco, si de la antigua casa,
De Venegas blasón, que a todos pasa.
Aqueste día espléndida comida
Dieron estos claríssimos varones,
Y a su gloriosa fama eterna vida,
Christianísima en todas sus acciones:
A las cárceles quatro sin medida,
Y a los Frailes con francos coraçones,
No sólo a los de aquella insigne Casa,
Sino a infinitos huéspedes sin tasa.
Para cumplir mejor el pío Oficio,
Y amplificar sus hechos generosos,
De sus ánimos dieron claro indicio,
Y afectos conocidos, religiosos:
No sea odiosa a ningún buen juizio
La alabança en varones tan famosos,
Pues de la misma suerte comer dieron
A quantos pobres allegar quisieron.
A la tarde a las quatro salió ufano,
Regalando la vista y pensamiento,
El pariente de Christo más cercano,
Que por humilde goza un alto assiento:
Francisco aquel divino Cortesano,
Desta máquina altiva fundamento,
Que en procesión solemne, y con reposo
Sigue su capitán fuerte, y famoso.
Tras dél el Portugués (glorioso Santo)
San Gonzalo García, y tambien Goa,
Que causando al infierno duro espanto,
Le embidia bien, que a su pesar le loa:
Dichoso mercader, que ganó tanto
En su viaje, que de popa a proa
Salvó felizemente su navío,
Sin turballo borrasca, ni baxío.
Luego le sigue el esquadrón más fuerte,
Que conquistó el infierno de soldados,
Y deponiendo el vil temor de muerte,
Triunfaron en la Cruz alanceados:
Todos se hallaron de una misma suerte
Contra Luzbel a un tiempo conspirados,
Y assí en premio felix desta vitoria,
A saco les dio Dios toda su gloria.
No se a visto tan alta maravilla,
En el mundo jamás, ni gente tanta,
A ocurrido a ver fiestas en Sevilla,
Aun quando más su fama se adelanta:
Passó esta gloriossísima quadrilla
Entre la voz de su alabança santa,
Con el mayor aplauso que se a visto,
Deste Polo al opuesto de Calixto.
Los Ilustres Cabildos (cosa rara)
Los van honrando, gloria merecida
A su muerte dichosa, que si cara,
Por ella gozan de la eterna vida:
Si a dezir circunstancias me parara
De aquesta processión tan bien regida,
Fuera causar enfado, sólo creo,
Que a sido el non pus ultra del desseo.
Désele a Dios la gloria y alabança
Destos ínclitos mártires dichosos,
Que colmados de amor, Fe, y Esperança,
Ya gozan los assientos más gloriosos.
Aqueste justo premio sierre alcança
Quien sigue a Christo en passos, si costosos,
Tan bien logrados, que en su Cruz sangrienta,
Impone mayorazgo de gran renta.
Y tú sagrado Pedro, que en el mundo
Junto con sobrenombre de Baptista,
Fuiste dichosa basa donde fundo
El triunfo, y el honor desta conquista:
De tu valor primero, y sin segundo,
Quisiera ser (si indigna coronista)
Y como Juan de Juan alabó el zelo,
Subir tus alabanças hasta el cielo.
Piedra divina fuiste en la constancia,
Como en nombre finíssimo diamante,
A quien la Iglesia para su ganancia,
Labró en sangre cordera de Gigante:
Y a quien siguen con ínclita arrogancia
Soldados veinte y dos, en semejante
Muerte, mas como pongo en dos balanças
Méritos muchos, pocas alabanças.
Acuérdate divino Pastor santo
De la común miseria, y desventuras
En que España se vé, y el tierno llanto,
Que a Dios ofrece con entrañas puras:
Ruégale, pues que le serviste tanto
Se compadezca destas sus criaturas,
Y aparte de su vista los herrores,
Por tu Sangre, de tantos pecadores.
Ilustres santos, célebres Japones,
Que siendo tierra dura, agreste, inculta,
La de vuestros gentiles coraçones,
La palabra de Dios no dificulta:
Y bárbaros de bárbaras naciones,
Sois Oidores de su Real consulta,
Pedilde juntos, que a Sevilla ampare,
Y sus previstos daños le repare.
Pues habitáis gozosos los jardines
Elíseos, donde sois sus flores bellas,
A razimos pisando Serafines,
Y hollando a millares las Estrellas:
Pedilde a Dios por vuestros santos fines,
Que nos dé de su amor vivas centellas,
Para que en algo (o Santos) imitemos
Vuestro fervor, y el bien sin fin gozemos.
Y vosotros famosos Vizcaynos,
Y Provincianos, ambición honrosa,
Deste Reino que a extraños y vezinos
Causa perpetua emulación gloriosa:
Ánimos ostentad, Héroes dignos,
De la que gozáis fama venturosa,
Lograd mil años honras tan subidas,
Con grandes bienes, y con largas vidas.
L A V S D E O
[1] Bajo la conciencia de que los términos “periodismo” y “feminismo” no existían como tales en el Siglo de Oro pero con la certeza de que la esencia de los mismos ya estaba presente.
[2] Juan Luis Vives (1492-1540), De cómo se han de criar las doncellas. Instrucción de la mujer cristiana. (Primera edición en Amberes, 1524). Antología preparada por Pilar Gonzalbo, ed. Consejo nacional de Fomento Educativo, 1985, México, D.F, pag. 36.
[3] Manuel Serrano y Sanz, Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1833. Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1903, 2 vol., t. I, pag. 177.
[4] Op. cit. pag. 178.
[5] Contexto de las reales fiestas que se hicieron en el Palacio del Buen Retiro a la coronación del Rey de Romanos, y entrada en Madrid de la Señora Princesa de Cariñán en tres discursos, 1637. Citado por M. Serrano y Sanz, op, cit. , t I, p. 213.
[6] María de Zayas, Desengaños amorosos, ed. Alicia Yllera, Madrid, 1983, Cátedra, pag. 229.
[7] Ed. cit, pag. 288.
[8] Ed. cit, pag. 266.
[9] Lola Luna Ana Caro Valor, agravio y mujer. Editorial Castalia, Madrid, 1993, pp. 11, 76.
[10] Op. cit. pag. 12.
[11] M. Serrano y Sanz, op. cit. pag. 179.
[12] M. Zayas, op. cit. pag. 230.
[13] M. Serrano y Sanz, op. cit. pag. 215.
[14] L. Luna, pag. 47.
[15] L. Luna, op. cit. pag. 13.
[16] Rodrigo Caro, Varones insignes en letras naturales de la Ilustrísima Ciudad de Sevilla, Epistolario. Publícalos la Real Academia Sevillana de Buenas Letras Precedidas de un Estudio Biográfico-crítico de D. Santiago Montoto Individuo de número de la misma, 1915. Sevilla, pag. 73. A Q /071
[17] Luis Vélez de Guevara, El diablo cojuelo, ed. Enrique Rodríguez Cepeda. Cátedra, 1989. Madrid, pag. 158.
[18] M. Serrano y Sanz, op. cit. pag. 179.
[19] Dichas obras así como los lugares y fechas de impresión aparecen citados en M. Serrano y Sanz, op. cit. pp. 212, 213, 214, 215.
[20] M. Serrano y Sanz desconoce la fecha de creación de esta pieza “La reproducimos íntegra por no haberse hasta ahora publicado”, op. cit. pag. 179. La obra Valor, agravio y mujer fue reeditada en 1993 por Lola Luna.
[21] M. Serrano y Sanz, op. cit. pag. 179.
[22] L. Luna, op. cit. pp. 115, 116.
[23] Op. cit. pag. 113.
[24] Jaime Homero Arjona, “El disfraz varonil en Lope de Vega”. Bulleting Hispanique, 39 (1937), 120-45, en pp. 121-24.
[25] L. Luna, op. cit. pp. 81, 82.
[26] L. Luna, op. cit. pag. 181.
[27] L. Luna, op. cit. pag. 184.
[28] Véase el artículo de Teresa Ferrer Valls “Mujer y escritura dramática en el Siglo de Oro: del acatamiento a la réplica de la convención teatral”. Ed. M. de los Reyes peña, Actas del Seminario “la presencia de la mujer en el teatro barroco español”. Al magro 23 y 24 de julio 1997, Junta de Andalucía, Festival Internacional de Teatro clásico de Almagro, Colección Cuadernos Escénicos nº5, 1998, pp. 11-32.
[29] L. Luna, op. cit. pag. 122.
[30] Véase el artículo de Teresa Ferrer Valls, “La ruptura del silencio: mujeres dramaturgas en el siglo” XVII, en S. Mattalía y M. Aleza (eds.), “Mujeres: escrituras y lenguajes (en la cultura Latinoamericana y Española)”, Valencia, Universitat de València, 1995, pp. 91-108. pag. 3.
[31] L. Luna, op. cit. pag. 185.
[32]Véase el artículo de Manuel Bernal y Carmen Espejo publicado en I/C Revista Científica de Información y Comunicación, “Tres relaciones de sucesos del siglo XVII”. Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 2003. pag. 135.
[33] Aurora Domínguez Guzmán La imprenta en Sevilla en el siglo XVII 1601-1650. Publicaciones de la Universidad de Sevilla Nº 12, 1992. pp. 60, 61.
[34] Juan de Acherreta Osorio Epítome de la ostentosa y sin segunda fiesta, que el… Convento de San Francisco de Sevilla, hizo por ocho días… a honra de los gloriosos 23 protomartires de Japón, hijos de la primera y tercera Regla del Serafín de la Iglesia. Compuesto por D.-, graduado por Salamanca en Canones y Leyes, y natural de la villa de Villamartín. Dirigido al… P. Fr. Pedro de Piña y Mendoza… (Esc. Franciscano). Pedro Gómez de la Pastrana, 1628. 4º 16 hs. Madrid. A.H., 9-17-4-3.541. N., R- Varios, 164-15 y 35-111.- Sevilla. U., 113/86 (6)*.
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